
De dónde viene el estándar
No llegué al trading desde las finanzas, sino desde la ingeniería embebida en Alemania: capas de abstracción de hardware para microcontroladores ARM Cortex, interfaces industriales y productos criptográficos usados por clientes gubernamentales y de defensa. En ese trabajo no basta con tener aproximadamente razón. El software aguanta en condiciones que no se pueden prever del todo, o falla donde ya nadie puede intervenir.
Cuando empecé a mirar en serio el trading automatizado, el terreno me resultó familiar: sistemas de larga ejecución, dinero real y fallos que permanecen en silencio hasta que salen caros. El estándar no me resultó familiar. Alrededor del 86% de la actividad del mercado es algorítmica, pero las herramientas que lo hacen posible tenían precio de institución. Lo que quedaba para los demás se vendía con capturas de pantalla y promesas, en cajas que nadie podía abrir.
Así que en 2017 empecé a construir lo que yo mismo habría querido comprar, y lo medí con el estándar en el que me formé. La ingeniería que hay detrás es alemana: medir antes de afirmar, documentarlo todo y entregar solo lo que se puede explicar. Ese es todo el método, y por eso el software es como es.

